El periodista Jesús Martínez ha entrevistado al responsable técnico de Nocucas, Andrés Gatica, en un artículo publicado en la microrrevista de Barcelona El sol petit.
El artículo está disponible en línea, pero lo reproducimos aquí porque nos parece muy bien escrito, documentado e interesante.

La cucaracha, por Jesús Martínez

“La cucaracha, la cucaracha, ya no puede caminar…” Este corrido de la Revolución Mexicana, con el que a uno le viene a la cabeza la pandilla de Pancho Villa atada a sus cananas, no es del todo cierto. Sí que camina y sí que corre la cucaracha, insectos urbanos “deprimidos y aplatanados”, según el diccionario de la Real Academia Española (la serie infantil La abeja Maya las dibujaba más presumidas).
En Barcelona, las cucarachas se han duplicado, hasta el punto de ser una plaga. Así lo afirma el técnico de control Andrés Gatica (Talca, Chile, 1982), que lleva cuatro años fumigando estos malos bichos en la empresa Nocucas. “Es imposible saber el número exacto de cucarachas que hay en Barcelona; no es como las palomas, de las que existe un censo. Pero podemos decir que se han duplicado en la ciudad y que hay una auténtica plaga porque nosotros hemos doblado el número de clientes, sobre todo particulares. Respecto al año pasado, tenemos un 60% más de llamadas”, razona Andrés, calmado y dedicado a la destrucción de las cucarachas con la energía y la fuerza del secretario general de la OTAN, Anders Fogh Rasmussen.

Se trata de dos plagas: 1. de la especie cucaracha americana (Periplaneta americana), rojiza, de unos cinco centímetros de largo, que ha invadido buena parte de la ciudad y que se la ve corretear por las basuras y en plena Rambla de les Flors de Barcelona, aun a pleno día. Y 2. de la especie cucaracha alemana (Blattella germanica), la llamada “cucaracha del café”, por su aspecto amarronado, de unos dos centímetros de largo, y que busca los focos de calor.

La cucaracha americana, la más resistente (“se han hecho pruebas nucleares con ellas y se ha comprobado que sobreviven a las radiaciones”, observa Andrés), se encuentra en locales comerciales, en los cuartos de contadores, en los garajes y en los almacenes con humedades, y en los bajos y en los primeros pisos. Según Andrés, este verano han tenido que realizar actuaciones (“aplicaciones” o “tratamientos”, en el argot) en séptimas plantas de edificios, algo que les ha sorprendido. La Periplaneta americana puede vivir hasta un mes sin probar bocado.

La otra cucaracha, la alemana, se cuela en las bisagras de las puertas, en los armarios de cocina y en el motor de la nevera, por la parte de atrás. Y en los lavavajillas y en las cafeteras. Allí ponen huevos (ootecas), de los que salen hasta 16 crías. “Estas cucarachas son muy fértiles”, advierte Andrés, que estudió Empresariales (“uno nunca sabe dónde acabará, y se aprende de todo”).

En algunos casos, las cucarachas llegan a los domicilios particulares escondidas en los embalajes de algún mueble que se acaba de comprar y recién salido del almacén de la firma, que no ha hecho los controles de calidad que debería en cuanto a salubridad.
Luego existe una tercera especie de cucaracha, más inofensiva si cabe: la cucaracha negra (Blatta orientalis), la común, pero que no abundan.

En este sentido, el verano del 2013 ha sido el más insalubre para la ciudadanía. “Nunca antes habíamos tenido tanto trabajo como en estos meses. Se puede decir que en Barcelona, hoy, hay una verdadera plaga de cucarachas”, evidencia el técnico especializado en fumigaciones. “En cada una de nuestras actuaciones damos un año de garantía. Y hay casos en los que estamos volviendo al mismo domicilio hasta tres veces más, y en menos de un semestre, algo impensable hasta hace poco.”

Se puede pensar que la causa es la crisis económica actual. Es muy simple: “Es una cadena: los locales cierran o no invierten en saneamiento porque la empresa está en suspensión de pagos o en una mala racha. Esto lleva a que las cucarachas se reproduzcan. Y esto provoca las sobrepoblaciones. Y esto comporta que trepen con mucha facilidad por los desagües, por los bajantes comunitarios, sobre todo por las canalizaciones de uralita, material que con el tiempo pierde consistencia y se agrieta (con las tuberías de pvc, de plástico y más flexibles, no hay problemas). Y esto hace que de muchas casas, hoy, nos estén llamando. Incluso de una séptima planta, porque las cucarachas salen por los agujeros de la ducha y del lavamanos”.

Cada día, Andrés está realizando entre cuatro y ocho salidas o “intervenciones”: “Nuestro trabajo dura aproximadamente hora y media, y usamos una especie de geles inocuos para el contacto humano (relacionados con la industria farmacéutica Bayer AG). Así, las familias no han de desalojar sus hogares mientras trabajamos. Lo que hacemos es colocar un veneno que ellas comen y que así las contamina, un plaguicida muy eficaz”. Operación tan meticulosa como la de los inspectores de la ONU.

Cada uno de estos trabajos, a particulares, puede costar de media unos ciento cuarenta euros (pisos de unos ochenta metros cuadrados). En cuanto a sociedades, y siempre en relación al número de metros cuadrados de las naves industriales, el coste podría ascender a unos quinientos euros.

Andrés Gatica pide que el control sanitario sea más rígido por parte de las autoridades sanitarias del Departament de Salut de la Generalitat de Catalunya: “El hecho de que, debido a los recortes presupuestarios, no se hagan suficientes actuaciones preventivas, fumigando locales y almacenes en desuso, ha provocado que lleguemos a esta situación. Porque luego, todas esas cucarachas suben a los pisos, a las casas”.

Según la Agència de Salut Pública de Barcelona, del Institut de Seguretat Alimentària i de Salubritat, una plaga de este tipo puede afectar a la población: “Como [las cucarachas] se alimentan en lugares con suciedad, son portadoras potenciales de bacterias, virus, protozoos y hongos y pueden contaminar los alimentos por contacto. Además, pueden ocasionar alergias”.

El dueño de la librería Montseny (Guadiana, 46), Víctor Cerdan (Barcelona, 1972), se ha percatado de ello por los comentarios de la gente: “Precisamente ayer vino una vecina que decía que había visto varias cucarachas en la calle”.

En la droguería Sants también han notado que se venden más insecticidas: “Tanto para cucarachas como para chinches”.

Uno de los remedios más solventes es Cucal: “Seis trampas contra sus cucarachas y sus huevos” (5,50 euros).

En junio pasado, la empresa Rentokil Initial, en su Observatorio Anual de Plagas (“líder en control de plagas y control de legionela”), alertó de la situación, sin que se le hiciera mucho caso.

La cucaracha sí camina. Y no le falta ninguna pata.